jueves, 17 de noviembre de 2016

Pelo malo, de Mariana Rondón

Concha de Oro del festival de San Sebastián en 2013. 

Pelo malo, no es para nada una película insustancial. Hay que verla. Por eso, aunque en su día escribí algo sobre ella, creo que merece la pena volver a recordarla y a aconsejarla.
Al cine se puede ir buscando muchas y variadas cosas. Y no me parece mal. Pero, por las mismas razones que alguien defiende su derecho de ver tontadas (Blue Jasmine, por ejemplo, un buen film pero una tontada) o monadas (Gravity, por ejemplo, un buen film pero, en definitiva una monada), hay que defender el derecho de ver películas que hablen de cosas que importan.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Elle de Verhoeven film asquerosamente biempensante

Hace poco colgué un comentario I, Daniel Blake, el último film de Loach y voy a empezar esta crítica de Elle (Verhoeven, 2016) evocándolo.
Elle es visualmente más poderoso que I, Daniel Blake. Y su puesta en escena más potente y refinada. Elle, a pesar de evidentes errores en la temporalidad, es una película muy bien realizada y más “brillante” que I, Daniel Blake.
Ya sabemos que el cine de Hollywood (de Hollywood, esté rodado donde esté rodado) es una excelente maquinaria que cuenta con elencos de profesionales de primera magnitud. Una maquinaria muy perfeccionada y de funcionamiento impecable en el manejo de las claves que fabrican sobresaltos, impresiones y emociones. Tanto, que esos films pueden afectarnos saltándose a la torera los valores que racionalmente sustentamos. Tanto, que pueden bloquear la capacidad crítica ante lo que nos muestran.
¿Pero por qué evoco I, Daniel Blake junto a Elle? Porque ambos films me parecen respectivamente muy ilustrativos de dos maneras de entender el cine.
Loach cree en el cine mientras que Verhoeven solo juega con él.
Hasta en el cartel se nota el cartón-piedra

domingo, 6 de noviembre de 2016

I, Daniel Blake de Ken Loach.

A veces, salgo del cine cabreada; otras, entretenida; otras con la sensación de “Bueno, pues vaya”. Y otras, salgo diciéndome: “Como el cine no hay nada”.
Esto último pensé después de ver I, Daniel Blake de Ken Loach.
Y que conste (y siento decirlo) que a mí no me parece que Loach sea un genio. Nunca fue un director especialmente exquisito, sofisticado ni brillante. Es más bien un artesano eficaz que maneja con acierto las claves esenciales de la realización y que se toma el cine en serio, pero sus puestas en escena no resultan rompedoras, ni innovadoras, ni especialmente poderosas u originales.

Pero, un film, para producir una potente emoción ¿necesita ser una obra maestra, de esas que marcan para siempre el séptimo arte? Pues no, la condición esencial es que ahonde y engrandezca la inteligencia del mundo.

Apuntes breves sobre mostración y el ocultamiento del lesbianismo en el cine: La Banquière


La acción de La Banquière (Girod, 1980) transcurre entre las dos guerras mundiales. La protagonista, Emma Eckhert (interpretada por Romy Schneider) es lesbiana. En el film queda dicho sin ambages, se la ve en los cabarets ad hoc, va vestida “como tal” (pero va divinamente vestida porque es rica), etc.