miércoles, 6 de noviembre de 2013

La vie d'Adele. Entre le placer y la irritación



Confieso que mis expectativas no eran altísimas, a pesar de la Palma de Oro de Cannes. Quizá porque no olvidaba el precedente de Cuscús (La graine et le mulet) con la que Kechiche ganó, en 2007, el Gran Premio Especial del Jurado de la Mostra de Venecia y que a mí -aún admitiendo su interés- me resultó insoportable en algunos aspectos e indignante en otros. Así es que no iba favorablemente predispuesta.
Quizá por ello, La vie d'Adèle, lejos de decepcionarme, me gustó bastante.



Lo que me gusta
La pasmosa movilidad de la cámara. No una movilidad a lo tonto sino significativa, armónica y bella. Una fotografía preciosa que deja grabada la luz en nuestros ojos (incluso horas después de haber abandonado la sala). Un montaje extraordinario. Una actriz impresionante. Pero buena, buena, buena. Y, aunque yo odio el abuso del primer plano, en esta peli (donde quizá el 90% del metraje son primeros planos) los primeros planos me parecían muy adecuados y nunca llegaron realmente a cansarme (aunque estuve casi a punto; o quizá, más bien, a veces, deseaba completar el primer plano con otros planos más amplios). 
Tampoco me molestaron las digresiones narrativas del film, esos vericuetos en los que se mete y que no añaden nada al hilo de relato principal que vertebra el film. Yo soy alguien muy ávido de vida y si me dan vida (me la dan bien narrada, por supuesto, como considero que pasa aquí) no me quejo.
Cabe preguntarse, sin embargo: ¿Le hubieran dado la Palma de Oro si la historia girara en torno a una pareja hétero? Puede que no. Quizá el jurado hubiera preferido La Vénus à la fourrure de Roman Polanski.
Pero, además de la novedad de tratarse de dos mujeres, tiene otra cosa a su favor: el gusto y la tradición que muestra la cinematografía francesa por el tema de la escuela, la educación, el estudio de los textos literarios, etc. y que en el film es un sub hilo permanente. El cine francés lo trata intensamente, tanto en documentales: Etre et avoir, Nous, Princesses de Cleves, como en ficciones: Dans la maison, Entre les murs. De hecho, creo que si ésta última ganó la Palma de Oro en 2008 frente a Valse avec Bachir o Gomorra, en parte fue debido al tema.
Confieso que yo también soy muy sensible al asunto y que, en cuanto sale gente aprendiendo (ya sean niños pequeños, adolescentes e, incluso, tercera edad), me emociono. Me conmueve de verdad, me entra la vena sensiblera al verlos destripando a Marivaux. No lo puedo remediar.
Hay quien se pregunta: ¿Pero, de verdad, en Francia una clase de instituto transcurre así? Aclaremos que Adèle está en un bachillerato literario. Es ya una opción. Y aclaremos que, por supuesto, depende de los centros, pero, en Francia, la literatura se toma en serio y la estudian, no aprendiéndose las fechas del nacimiento y de la muerte, ni de la primera edición, ni de si se casó ni con quién, sino confrontándose al texto literario.
Lo mejor de esta película, para mí, es el retrato que hace de la adolescencia, con todas sus tensiones, sus mitos, sus miedos, lo dicho y lo callado, la presión del grupo, la búsqueda de la propia identidad, la fuerza, etc. El film, en esa descripción, es excelente.
Las famosas escenas de cama no me han parecido demasiado largas. Es verdad que podrían haber durado menos, pero tampoco son una pasada voyeurista como me temía. Recuerdo, por contraste, lo insoportable que me pareció el baile de Rym (Hafsia Herzi) en Cuscús. Esa escena sí estaba filmada con un voyeurismo vomitivo. Conviene aclarar, una vez más, que no se puede confundir lo que se muestra con la mirada que se construye sobre ello. Se puede filmar una violación con mirada sádica, despreocupada, alegre, morbosa o todo lo contrario. Una película puede acoplar las miradas de la cámara con la de los personajes y con la de los espectadores pero también puede hacer lo contrario y evitar que seamos cómplices de lo que vemos. Un ejemplo de la primera opción es la escena de Cuscús que he mencionado porque muestra el voyeurismo de una panda sobre el cuerpo de una joven haciéndonos partícipes a l@s espectadores de ese voyeurismo. Un ejemplo de lo segundo está en Gomorra, cuando filma la visita de los jóvenes al burdel.
En cualquier caso, el cine nos ha mostrado tanto folleteo hétero (y tan tópico, además) que una dosis de lesbianas, pues no hace daño a nadie, si la escena es buena, por supuesto. Y ésta lo es porque consigue expresar la pasión, el placer (contrariamente a lo que se ve en las pelis porno habituales). Y en ese sentido, es creíble, es verdadera, más allá incluso de que se piense: no hay cuerpo humano -por joven que sea- que aguante tantísimo orgasmo.
Los retratos de las dos familias, también están muy logrados. Quizá un pelín pasados de punto. No es de recibo que Adèle, a su edad, y por muy "proletarios" que sean sus padres ("proletarios" entre comillas porque esta palabra ya suena hasta rara) mastique con la boca abierta. Ahí, la peli exagera. No exagera, por el contrario, en destacar las diferencias culturales y sociales. En Francia, el asunto del nivel, no tanto económico, como cultural, es durete. Un poco terrorista, incluso. Saber o no saber: de vinos, de cuadros, de música, de cine, de literatura, de restaurantes, de lugares… Y de otro montón de cuestiones sutiles, sofisticadas y subentendidas, aparentemente tenues e invisibles pero que forman barreras tremendas que pueden resultar humillantes y violentas. En Francia, como analizó Bourdieu, la importancia de los factores culturales y simbólicos en la reproducción social es clave. Bourdieu no exageraba. Os lo aseguro.

Lo que no me ha gustado
¿Qué no me ha gustado? Pues, por ejemplo, que Adèle no tenga una sola amiga de verdad (aunque no llegue a la brutal supresión de vida femenina que se muestra en el film Agora, A. Amenábar, 2009, donde Hipatia no tiene madre, ni hermanas, ni amigas, ni esclavas...). Se rodea de un grupo de compañeras pero, en realidad, no cuenta con ninguna amiga, ninguna confidente. Su mejor amiga es un amigo. Raro ¿no? Y raro que en ese instituto no haya chicas que la defiendan (o que la defiendan más decididamente). Existen mujeres malas y crueles pero ¿ninguna buena? Vamos, por diosa, eso contradice la experiencia más elemental de todas nosotras.
De hecho, en esta película, las chicas, en general, no salen bien paradas. Ellos son más estupendos, tiernos, atentos, comprensivos. La escena donde Adèle va por primera vez al local de lesbianas es un tanto penosa: todas echándose encima de ella, toqueteándola, acosándola. Parece un mundo de lobas sin entrañas y al acecho. Una violencia y una agresividad que no se corresponden con la realidad. Digo lo mismo que dije con lo de las "amigas" malvadas: Haberlas, hailas pero francamente, ese no es el ambiente habitual entre las lesbianas.
En la misma línea, obsérvese que, tanto en casa de los padres de Adèle como de la madre de Emma, vemos a hombres cocinando (con una parella al hombro, preparando platos…). En la fiesta que organizan Adèle y Emma para los amigos de ésta última, es Adèle en exclusiva quien guisa y, no solo quien guisa, sino quien se ocupa de todo. Un ama de casa total y a fondo. La escena final de esa secuencia, en la que vemos a Adèle fregando mientras que Emma ojea un libro en la cama, es para nota… Hemos de pensar que ¿nadie "más hombre tradicional" que una mujer?… Y vuelvo a insistir: ¿puede haber parejas de mujeres donde una explote tan descaradamente a otra? Sí, puede, pero resulta inquietante que la película vaya "acumulando" aquí y allá tantas notas negativas sobre las mujeres. Hombres 2, mujeres 0.
De esta secuencia alabo, sin embargo, lo bien que describe el elitismo de "artistas y creadores" frente a "la simple maestra". Describe bien su aislamiento (sutil y civilizado, claro). Pero cabe preguntarse: cinco años más tarde (calculando por lo que duran los estudios, han debido de pasar cinco años) ¿Adèle sigue sin tener amig@s propi@s? Extraño.
Y no me gusta nada, nada, la escena "trágica", en la que Emma rompe con Adèle. No por la brutalidad sino porque su brutalidad es impostada, fuera de tono (de tono de la película). Resulta increíble. El exceso le quita intensidad narrativa y dramática. La convierte en otra cosa. A mí concretamente me dejó fuera porque cambió mi tono espectatorial. Como si de pronto estuviera ante otra peli.
Y, además, aunque Emma es un personaje poco construido -que no terminamos de "ver" y ese es un fallo del film, desde mi punto de vista-, su patrón de conducta no es la violencia física ni el insulto. Se puede argumentar que en ese momento vive una situación extrema pero, incluso en las situaciones extremas, cada cual responde cómo es. Emma explota a Adèle pero no necesita, ni en los momentos más duros, hacerlo mediante ese desmelene, justamente porque tiene mucho más poder. No necesita chillar ni pegar. Más bien al revés: puede permitirse ser extremadamente cruel, sin despeinarse. Un film que construye los sentimientos con perspicacia y finura, que nos adentra en las emociones de los personajes, de pronto, se desboca. Pasa a ser otra película. Parece que lo ha filmado otro director. Es una escena en disonancia total con el resto. Pensemos en lo bien que ha descrito el desgaste de la relación entre ambas: solo con miradas. Lo sutil que ha sido anteriormente destacando su relación y, de pronto, esto. Por eso no me creo esa escena. Exterioriza en exceso lo que muestra y, por lo mismo, te expulsa.
En resumen, la forma en la que se muestra la violencia contradice la forma en la que se nos ha mostrado anteriormente. Contradice el tipo de violencia que Emma y los de su clase pueden ejercer sobre alguien como Adèle y que tan estupendamente nos han descrito precedentemente. Resulta curioso, sin embargo, que las dos veces anteriores en las que se dio violencia física (en el instituto y el bar de lesbianas), ésta se produjera entre chicas. De modo que, en agresividad, tanto verbal como física, las mujeres ganan por goleada: 3 a 0. Curioso. O, como dirían los franceses remedando la célebre frase de la peli Quai des orfèbres (Clouzot, 1947): "Bizarre, bizarre".
 Y, por último, me molestan varios detalles (más o menos detalles): que Adèle ande siempre con el moco caído (y que no se lo limpie, caramba) y que, aparte de con Adèle, solo se enrolle con chicos (es lo que vemos y, por lo tanto, es lo que "dice" el film).
Y, por último, cuando reflexionas, te das cuenta de que Adèle, que tanto hemos querido al principio, termina siendo casi un zombi. Un ser sin vida propia. Es verdad que tiene un trabajo que le gusta y que lo hace bien pero, fuera de ese ámbito, solo tiene a Emma. Ya se sabe que las mujeres estamos adiestradas desde la cuna para que consideremos el amor romántico como el alfa y la omega de nuestra existencia aunque me parece excesivo que Adèle, se lo tome tan al pie de la letra…
Y sí, mucha gente piensa que hay historias de amor que no se olvidan. Yo creo que también hay cuerpos que no se olvidan. Duro es decirlo pero así lo pienso. No se olvidan pero ¿ello ha de impedirte vivir? That is de question. Yo opino que no. Que vivir es, por así decir, lo último que se pierde (je, je, qué chiste tan malo). El amor suele morir (les histories d'amour finissent mal, en général, cantaba Rita Mitsouko). Muere aunque se dé entre seres de clases sociales y expectativas vitales homogéneas. Es duro y terrible. Triste la muerte del amor, sí; triste su pérdida, sí; triste la nostalgia, sí; triste (puede) la soledad, sí; triste el fracaso, sí, etc. pero, después, hay otros amores, otros cuerpos, otras pérdidas, otras tristezas, otras nostalgias… Adèle, totalmente rayada, no sabe algo tan elemental (y debe andar ya rondando los 26 o 27 añazos). A mí su obcecación no me parece "romántica", me parece obtusa. Así es que no siento complacencia con esa "bonita historia de amor", me irrita. Y esta opinión mía no se contrapone, para nada, con estos versos de Cernuda que también suscribo: olvido de ti, sí, más no ignorancia tuya.



3 comentarios:

  1. Buen día, Pilar:
    Coincido al 100 % en lo que expones sobre esta película... el día que fui a verla me llamó la atención que la mayor parte de las/los espectadores eran heterosexuales (eso lo huelo a distancia) e incluso personas muy mayores. Me llamó la atención porque parece que esta película ha suscitado unas expectativas y una curiosidad que normalmente no se produce con películas de "esta temática". Quizá esa sea la conquista en pleno siglo XXI: la "normalización" de la diferencia... o la tolerancia hacia ella, al menos en amplios sectores de nuestra sociedad, aunque ya sabemos todas/os que trogloditas homófobos y sexistas sigue habiendo. Gracias por tus impresiones. Son muy enriquecedoras. Saludos cordiales. Celia Estévez.

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  2. Enhorabuena!! Te Regalo la A ha decidido concederte la distinción Premio Liebster Award.

    http://teregalolaa.blogspot.com.es/2013/11/premio-liebster-award.html

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