domingo, 12 de marzo de 2017

'Blade Runner': lo que perdura para bien y lo que perdura para mal

Este artículo ha sido previamente publicado en el Huffington.post:




Blade Runner (Ridley Scott, 1982) es un film que marcó nuestro imaginario profundamente. A varios niveles y con razón.

La he vuelto a ver en pantalla gigante y excelentes condiciones de sonido y proyección. ¡Qué maravilla!

En estos 35 años, ante nuestros ojos han desfilado cientos de películas. Algunas nos han ofrecido virguerías tecnológicas y efectos especiales sorprendentes, pero Blade Runner sigue siendo impactante. Mucho.

En primer lugar, por la potencia de universo visual que crea, los apabullantes decorados, el extraordinario trabajo sobre la luz y el color...

Pero no se trata de virtuosismo ni de belleza, se trata de lo que, con esos mimbres, fabrica. En efecto, como ya apunté, imágenes sorprendentes y hermosas hay muchas y en variados films, pero no hay tantos que nos provoquen el impacto de Blade Runner. Su potencia va más allá de lo meramente estético.

Esta película trabaja nuestro desasosiego y escarba en nuestros miedos. En el mundo desolado, sórdido, deprimente e inhóspito que vemos, reconocemos el nuestro. Y por eso nos perturba, porque sabemos que, sobre ese abismo mostrado en la película, ya tenemos medio cuerpo fuera. Y sabemos que corremos peligro de caer del todo.

Las visiones que crea nos impactan porque nos son familiares y podemos ligarlas a nuestras experiencias. Nos asustan porque nos hablan de la dinámica de locura en la que estamos.



Contemplamos un universo que bien puede ser el nuestro, solo que un paso más allá. Cuando ya el planeta esté destruido.

Ese es uno de los ejes del film. Y, en cierta manera, ese eje se contrapone con el otro tema que trata: el deseo loco e intenso de no morir. El que anida en los replicantes y los lanza en busca de una salida. Y el que anida en nosotros.

Y digo que en cierta manera se contrapone, contradice al otro e incluso choca con él, puesto que, en efecto, viendo el mundo hundido en la oscuridad, la suciedad, el caos y el cutrerío... viendo la vida sórdida, solitaria y aislada de los humanos que habitan esa megalópolis deprimente, salvaje y brutal, te preguntas: ¿para qué desean seguir viviendo? Quizá los replicantes sí tengan razones. Ellos, brutalmente explotados en los mundos exteriores, han visto, al menos "naves en llamas más allá de Orión", han visto "Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser". Pero ¿y el protagonista y los demás? Para que quieren seguir viviendo en esos lúgubres estercoleros sumidos en la negrura y la lluvia. ¿Para qué? ¿Para beber hasta caer rendido, para comer fideos chinos en garitos callejeros desapacibles y feos? ¿Para luego volver a dormir la curda a esas cuevas cochambres y oscuras? Porque (y eso es quizá lo más desolador del film) tampoco están en rebeldía, ni luchan por cambiar su espantosa realidad, solo sobreviven como tristes hormigas.

La búsqueda de una salida, la pelea por cambiar el mundo, la persecución de otro horizonte -por utópico que fuera- daría sentido a sus vidas. Pero no. Son sumisos conformistas. Solo los replicantes buscan transformar su suerte. Solo ellos merecen ser humanos.



El salvaje machismo de Blade Runner

Como vengo diciendo, el mundo que describe el film es una versión del actual pero aún más degradado. Vaticina un futuro (casi presente, pues la acción se sitúan en el 2019) que no ha generado más inteligencia, más empatía, más solidaridad, más equilibrio. Presenta las mismas taras que hoy sufrimos pero en un punto de mayor infamia.

Teniendo eso en cuenta, en coherencia con lo que describe, es lógico que tal sociedad siga siendo machista. Pero, como tantas veces he dicho, hay que distinguir entre lo que se cuenta y el cómo se cuenta. Una cosa es narrar un asesinato, una violación, un atropello, una crueldad, y otra, la mirada –de rechazo o complacencia- que se fabrica sobre lo narrado.

O sea, una cosa es que el mundo que muestra sea machista y otra que la película lo sea. Lo primero me parece acorde con el espanto que vemos, lo segundo me parece inadmisible y me repugna.

Pero sí, desgraciadamente es un film muy machista.

La escena donde el protagonista, Rick Deckard (Harrison Ford) somete a Rachael (Sean Young) da repelús y asco. Es el brutal mensaje de siempre: "No hagas caso de lo que una mujer te dice. Ellas siempre aseguran que no. Pero tú sabes que debes imponerte. Y ya".

Por otra parte, como escribí en otro lugar:

"La película plasma un sueño largamente acariciado por el patriarcado (y hasta ahora irrealizable excepto simbólicamente): engendrar sin mujeres. En ese futuro sólo existen padres e hijos. Se acabaron las engorrosas -pero en el pasado imprescindibles- hembras reproductoras. Y, de hecho, aunque en el film se hacen dos referencias a hipotéticas madres (de una hay incluso una fotografía), resulta que no existen, que son inventos fantasmales.

Blade Runner lleva, pues, su propuesta muy lejos: elimina del relato a las mujeres reales, las sustituye por replicantes y, además, constriñe el papel de esas replicantes femeninas a las funciones de entretenimiento, protocolo o satisfacción sexual (masculina, se entiende).

Así pues, al fin solos ellos con ellos, generándose unos a otros. Ellos se afrontan, se atacan, se entienden, se oponen o se ayudan y se procrean. Allá van, unos con o contra otros, a la búsqueda del sentido y la significación. Y, para tal misión, no nos necesitan"[i].

Y todo ello, sin un atisbo de mirada crítica por parte de la instancia narradora...

Deprimente, sí.


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Notas suplementarias: 
1. ¡La música de Vangelis!
2. Los premios Oscar haciendo un poco el ridículo: ese año galardonaron a Gandhi (8, nada menos); E.T., el extraterrestre (4); Oficial y Caballero (2); Tootsie (1). Blade Runner ninguno.

[i] Aguilar, Pilar (2004): "Madres de cine, entre la ausencia y la caricatura" en Las mujeres y los niños primero. Discursos de la maternidad. Editoras A. de la Concha y R. Osborne. pág. 179- 200. Barcelona, Icaria.

jueves, 9 de marzo de 2017

Ser o no ser película "feminista"

(Este artículo ha sido previamente publicado en Tribuna Feminista: http://www.tribunafeminista.org/2017/03/ser-o-no-ser-pelicula-feminista/)
Pero, además de las que cito, a medida que las recuerde, voy a ir añadiendo las películas (ver al final).

A veces se publican listas de películas feministas. Como el feminismo no tiene Comité Central, ni estatutos, ni programa oficial, cualquiera puede decidir qué es “feminista” y qué no.

De hecho, ya sabéis la cantidad ingente de hombres que incansablemente nos explican en qué consiste a  el feminismo y nos dicen que lo nuestro (sea lo que sea lo nuestro) no lo es.

Bueno, dejando (totalmente) de lado los sabios consejos que esos ilustrados varones nos dan, vayamos a la cuestión: ¿qué es una película feminista?

Aunque, como antes dije, no sea posible apelar a un “corpus de doctrina” cerrado, sí se pueden trazar unas líneas maestras que centren los pilares básicos.


Lo señalo porque, cuando ojeo esas listas de “films feministas” que se pasean por la red, encuentro algunos que, desde mi punto de vista, sí merecen ser considerados como tales; otros simplemente no son misóginos (y ya es de agradecer), pero, a veces, incluyen bodrios abiertamente machistas.

Por ejemplo Princesas. Al ver semejante panfleto machista clasificado como feminista doy tal bote que me parto la cabeza contra el techo. Princesas, ¡un film que glorifica la prostitución! Un film que sostiene que una chica de clase media sin mayores problemas puede tan tranquila y voluntariamente meterse a “puta” para pagarse una operación que le agrande las mamas… Y cuya aspiración es encontrar un hombre que la espere a la salida del trabajo (¿de puticlub?). Un film donde vemos una prostituta maltratada, pero no por las mafias, no. Ni por los clientes, no. En fin, sí, uno se la folla y le pega. Ella lo aguanta porque el tipo le promete “papeles”. O sea, su maltrato deriva de su condición de emigrante, no de su condición de “puta”. Princesas ignora el tráfico de mujeres, ignora la destrucción de la autoestima y el sufrimiento que acompañan. Ignoran el desprecio a las prostituidas y la violencia que anidan en los “clientes”… Y lo mismo puede decirse de Irina Palmer, de Jeune et Jolie y un largo etc.

Aclaremos, pues, los puntos básicos que, como mínimo, ha de tener un film, no digo ya para que lo consideremos feminista, sino simplemente no-machista.

1. Desde luego, debe estar protagonizado por mujeres. Eso al menos, pero no es suficiente. Ni Princesas, ni Salsa Rosa, ni La Linterna Roja, ni Elle nos valen aunque estén protagonizados por mujeres.

2. Lo segundo, debe considerar que las mujeres existimos. No es feminista un film protagonizado por una mujer pero que borra a todas las demás. No basta con admitir que existe por ahí una mujer excepcional y/o prodigiosa sino que debe aceptar con naturalidad que somos la mitad de la humanidad. Así Ágora da por supuesto que Hipatia no tenía ni madre, ni hermanas, ni amigas, ni amantes (mujeres) ni siquiera esclavas… una ceguera tan androcéntrica deja estupefacta. Y quien dice Ágora, dice Lara Croft aunque sí, cierto, mejor que sea una chica “guerrera” a que sea una pavisosa. Igual de claro está, desde mi punto de vista, que tampoco Million Dollar Baby es un film feminista.

3. Otro requerimiento para que un film no sea machista (incluso sin ser feminista) es que las mujeres que aparecen tengan pasiones, metas, gustos, intereses que no se resuman en amores y desamores. Así, no veo por ningún lado el feminismo de Los puentes de Madison. Una película que, por el contrario, más bien predica la “resignación”: “Toma, un caramelito y, hala, a soñar porque tu realidad seguirá siendo igualmente cutre hasta que te mueras”. Ni veo ningún feminismo en Crepúsculo. Por no hablar de los horrores de 50 sombras de Grey,  Elle, o Belle de jour, films que directamente hacen propaganda de la “natural vocación” de las mujeres a ser maltratadas, violadas y golpeadas.

Ninguna película que caiga en los excesos patriarcales que acabamos de enumerar, puede ser feminista. Ni de cerca, ni de lejos.
O sea: aunque no exista una demarcación clara y tajante, sí se puede afirmar que films que nos ningunean, que predican nuestra sumisión, que dicen que estamos en el mundo para hacer felices y darles placer a los varones, que hacen propaganda de la prostitución, del servilismo, del sadismo, de la “proverbial tontería de las mujeres”, etc. no solo no son feministas, son machistas, duramente machistas.

Dicho esto -desechando de entrada las películas abiertamente vomitivas y patriarcales- encontramos un amplio abanico de películas que van desde lo razonablemente aceptable a las que, sin duda alguna, pueden considerarse feministas.
Para empezar, el film debe simplemente –y eso ya es mucho- tomarnos en serio (incluso para hacer una buena comedia, hay que empezar tomándose en serio lo que se va a narrar).
Y aclaro, por si hubiera dudas, que un film feminista no tiene que presentar un cuadro idílico de mujeres divinas, sabias, sin contradicciones, impecables, ideales…. Para nada. Debe simplemente, repito tomarnos en serio. Debe considerar que no somos una peripecia dentro del programa narrativo o vital del otros, que tenemos entidad por nosotras mismas, que nuestras vidas, nuestras contradicciones, nuestras victorias y nuestras derrotas, nuestra cotidianidad, nuestras batallas, son complejas y dignas de ser contadas y no se resumen en “el amor”, ni de amante ni de madre. En ese sentido, Cándida, por ejemplo, no es un film feminista, ni Solas, tampoco.

(Si estais interesad@s en una crítica feminista de la idealización que hace Solas del sufrimiento y el aguante de las mujeres y su prédica de “a la salvación por la maternidad y la pareja tipo San José", podéis leer en este blog aquí mismo mi artículo sobre Madres de cine: http://pilaraguilarcine.blogspot.fr/2009/01/madres-de-cine.html#more)


De modo que, cuando hablamos de cine, deberíamos hacer, como poco, tres apartados:

1. Films machistas, misóginos, androcéntricos y patriarcales.

2. Films aceptables, de los que se pueden ver sin que te salga urticaria ni salpullido. No sé, tipo La La Land o, mucho más interesante, La noche que mi madre mató a mi padre o Más allá de las montañas.

3. Films feministas, es decir, aquellos que con sus propuestas hacen avanzar la conciencia de los hombres y mujeres (lo cual no significa que tengan que ser expresamente militantes, ojo). Films que aumentan nuestra autoestima, reivindican nuestras luchas, nos explican a nosotras mismas, nos enseñan caminos para la liberación, nos animan a la sororidad, nos ayudan a superar contradicciones, etc.
Para mí, estos veinte films, por ejemplo (solo por ejemplo, ojo) son aceptablemente feministas -aunque lo son en mayor o menor medida-: Las inocentes (Anne Fontaine), El círculo (Pahani), Guerreros de antaño (Lee Tamahori), Sufragistas (Sarah Gavron), Un amor de verano (Catherine Corsini), Flores de otro mundo y Te doy mis ojos (Icíar Bollaín), Evelyn (Isabel de Ocampo), Chicas nuevas 24 horas (Mabel Lozano), El palo (Eva Lesmes), Sac de Farine (Kadija Leclere), Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha), Tomboy. (Céline Sciamma), XXY (Lucia Puenzo), Les Bureaux de Dieu (Claire Simon), Erin Brockovich (Steven Soderbergh), Ángeles con garras de acero (Katja von Garnier), Revolutionary road (Sam Mendes), Sé quién eres (Patricia Ferreira), Las mujeres de verdad tienen curvas (Patricia Cardoso).

No son los únicos, ni los "más", los he ido citando un poco al azar.
Me encantaría hacer una lista más completa pero esa tarea me sobrepasa…

Añadidas:
- Carol (Tod Haynes, 2015)
- Barbara (Christian Petzold, 2012).
- Winter's Bone (Lazos de sangre) Debra Granik en 2010
- Fish Tank (Andrea Arnold, 2009)
- Aurore (Blandine Lenoir, 2017) 
- La Belle et la Meute (Aala Kaf Ifrit)  Kaouther Ben Hania, 2017


PS. Aclaro por si se presta a confusiones:
1. Es una lista arbitraria, no significa que las películas que cito sean "manifiestos de excelencia feminista". Vuelvo a repetir no son las "más", ni son "modélicas". Para nada.
2. Las considero aceptablemente feministas, en diversos grados y siguiendo los criterios que señalo en el artículo, es dccir, inciden en algunos de estos supuestos: "aumentan nuestra autoestima, reivindican nuestras luchas, nos explican a nosotras mismas, nos enseñan caminos para la liberación, nos animan a la sororidad, nos ayudan a superar contradicciones, etc."
O sea: lo importante son los criterios, no el listado. Las pelis que cito son "simplemente" ejemplos de pelis que van en el sentido de lo antes expuesto.

Y, por último: no son los films de mi vida, ni los que más me gustan del mundo mundial Son un ejemplo. Solo eso.

viernes, 3 de marzo de 2017

Días del cielo (Terrence Malick, 1978

Vi, por primera vez (en su día me la perdí) Días del cielo (Terrence Malick, 1978). 
Lo mejor: la fotografía de Néstor Almendros. Belleza de paisajes: cielos, trigales, tonalidades luminosas, etc.