martes, 16 de junio de 2015

Carmina y amén.


Carmina y amen (Paco León, 2014) se ve en un suspiro. Tiene un ritmo excelente que no decae en todo el metraje. O dicho de otra manera, la historia está bien narrada. Y lo consigue con una gran economía de medios: pocos actores, poca acción y poquísimos decorados. Eso por la forma.
Con respecto al fondo, al tema, considero que estamos ante un interesantísimo estudio etnográfico de las clases populares (concretamente de Sevilla).


En Almodóvar siempre (o casi) estábamos ante una deformación paródica (digo estábamos porque ahora ya se dedica al melodrama, aunque en sus films sigan existiendo ciertos toques marginales de parodia). Almodóvar tenía el punto de vista de la "movida", un punto de vista de "moderno" que admite con humor las conductas exóticas, que acepta los “raros con sus rarezas porque son incluso divertidos".
Paco León es mucho más realista y nos dice otra cosa totalmente distinta: "Hay gente cuya inteligencia y funcionamiento no concuerda con lo que la cultura dominante ha normalizado como estándar pero esa gente no es ni más exótica (ni más "normal") que los aparentemente integrados".
La televisión es el único medio que, a veces, refleja esos otros mundos (que sin embargo están en éste) pero lo hace sin respeto, en sus vertientes más exageradas, circenses y enloquecidas.
Paco León no. Él no busca ni “épater le bourgeois”, ni divertirnos con la mostración de un gabinete de curiosidades. No estamos, pues, ante una galería de monstruitos, ni de seres embrutecidos -como los que a veces pueblan las pelis de los Cohen-, ni ante una panda de horteras cutres y reaccionarios como los que nos muestra Santiago Segura.
Para empezar, este director no mira a sus personajes como bichos raros, sino con cariño y respeto. Tampoco se coloca por encima de ellos sino a su misma altura. Lo cual no significa que en la película no haya personajes muy “límites” pero no parecen estar ahí por afán de coleccionar anomalías sino porque en cualquier grupo humano, sea el que sea, los hay (piénsese una comunidad de vecinos cualquiera).
Esta es esencialmente una película realista. Yo la vi en Sevilla la tarde de su estreno. Al día siguiente asistí, en vivo y en directo, a una demostración del episodio "San Judas Tadeo, abogado de los imposibles". Es más: por la noche fui de cañas a un barrio popular y me encontré con una chica (treinta y tantos o cuarenta) que era exactamente como el personaje que interpreta Yolanda Ramos (y que es de los que parecen más paródicos y exagerados).

Las mujeres de "Carmina y amen".

La película nos cuenta cómo sus personajes (esencialmente mujeres) tienen que lidiar con la vida y cómo lo hacen de bien, echando mano de lo que tienen a su disposición.
Como sabréis (al menos yo lo repito incansablemente) considero que una inmensa mayoría de los films deforman la realidad. Lo hacen de varias maneras (ignorándola, suprimiéndola, deformándola, etc.). Con las mujeres lo practican de todas las maneras posibles y el resultado es espectacular: en un 90% de las películas somos seres absolutamente marginales a los que, según parece (fuera del lance amoroso), no nos ocurre nada digno de contarse.
Ya sabemos que la mitad de la población somos mujeres. Sabemos que, excepto en los puestos de prestigio y poder que los hombres siguen copando con todo descaro, las mujeres estamos en todas partes y hacemos de todo. Pero las películas aún no se han enterado.


Y por eso me gusta también Carmina y amen, no solo porque las mujeres son protagonistas sino porque refleja una realidad palpable, ignorada, sin embargo, por el cine: las mujeres son las que sostienen el entramado social, gestionan las relaciones humanas, resuelven las problemáticas que se van presentando, crean la cohesión afectiva, mantienen el cariño, solucionan los conflictos, se hacen cargo de los asuntos cotidianos a todos los niveles (comida, limpieza, pago de facturas, impuestos, trámites, enseñanza, salud y enfermedad…). Esto es así entre amplias capas de la población y muy palmario en las clases populares.
Mi teoría es que esa situación nace justamente de la supremacía masculina que establece el patriarcado. Vivimos cambios tan acelerados y estresantes que cualquiera siente pavor al enfrentarse a ellos. Y más si no tienes un gran nivel cultural ni has viajado fuera de tu pueblo o barrio. Y, desde luego, afrontar lo cotidiano es un trabajazo. Los hombres, aprovechándose de su poder, se desentienden y se lo cargan a sus mujeres. Y a ellas no les queda más remedio que enfrentarse a sus miedos y sus limitaciones y aprender a ir al banco, a hacer "papeles", a pagar la contribución, a acudir a las reuniones de padres, llevar el control de las diferentes medicaciones de los miembros de la familia, estar al tanto de vacunas, facturas, cumpleaños, bodas, operaciones y de toda clase de tratos sociales. Pero la consecuencia positiva es que ellas, al tener que ponerse las pilas, son mucho más espabiladas, más dinámicas, más lanzadas, más modernas, más fuertes…
Carmina y amen lo muestra de forma clarividente.
Claro, no son mujeres feministas. Si lo fueran, se negarían a hacerse cargo ellas solas de todas esas tareas, lo cual redundaría beneficiosamente tanto en ellas (más descansadas) como en ellos (más avivados). Pero mi mirada es optimista y pienso que están en camino, que lo conseguirán porque forzosamente toda esa responsabilidad que asumen las transforma y terminará empujándolas a reivindicar otro tipo de relaciones personales con los varones. Seguro.
Pero, en el punto intermedio, sufren de mucha soledad (a pesar de las redes sociales y amistosas que fabrican), pues, ni los hombres las acompañan ni tampoco ellas consiguen emanciparse emocionalmente de esos varones que tienen, más que a su lado, a su cargo.
Y quizá por eso, como también muestra la película, hay un claro trasfondo melancólico en esos personajes femeninos. Más acentuado en Carmina pero que también marca a la hija y, con diferentes modos, a casi todas las demás. Como notaba una amiga mía, son mujeres resolutivas y fuertes pero en ellas se percibe una caga muy tanática.

Por resumir: el film describe la situación real de muchas mujeres de hoy en día. Mujeres que en nada se parecen a la que nos muestra el cine mayoritario (“las guapas pavas” que, indefectiblemente han de ser salvarlas por un varón) pero que aún no han podido adueñarse de su destino y que difícilmente encuentran los hombres que puedan ser sus iguales y sus compañeros.

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