jueves, 17 de noviembre de 2016

Pelo malo, de Mariana Rondón

Concha de Oro del festival de San Sebastián en 2013. 

Pelo malo, no es para nada una película insustancial. Hay que verla. Por eso, aunque en su día escribí algo sobre ella, creo que merece la pena volver a recordarla y a aconsejarla.
Al cine se puede ir buscando muchas y variadas cosas. Y no me parece mal. Pero, por las mismas razones que alguien defiende su derecho de ver tontadas (Blue Jasmine, por ejemplo, un buen film pero una tontada) o monadas (Gravity, por ejemplo, un buen film pero, en definitiva una monada), hay que defender el derecho de ver películas que hablen de cosas que importan.

Pelo malo es una de estas. No la considero un film redondo y seguramente muchos la juzgarán peor película que las dos anteriormente citadas. Según la vara de medir que tomen, les daré la razón pero, para mí, un film no es solo un guion redondo, una producción de infarto, un refinado control y maestría en su puesta en escena… Hay una dimensión ligada al contenido de lo que se cuenta, al objetivo que se persigue que yo también valoro extraordinariamente. Y, además ¿qué necesidad tienen películas como Blue Jasmine o Gravity de que se hable de ellas? Ninguna. Sin embargo, de un film modesto (aunque ganara la Concha de Oro) como Pelo malo sí conviene seguir hablando y aconsejando.
A Pelo malo se le pueden poner varios reparos. Yo creo, por ejemplo, que se dispersa sin terminar de dominar todos los hilos. Así ocurre normalmente con la vida: que de las ingentes cantidades de hilos que la cruzan, no controlamos ni dos (incluso, a veces, ni uno). La vida se desparrama y dispersa por todos lados. Y me parece bien que el cine lo refleje. Pero, eso es una cuestión y otra es cuando consideras que no se trata tanto de que el film lo muestre como de que no lo controla. O sea, cuando percibo que no estamos tanto ante un procedimiento buscado como ante una torpeza.
Al film le hago además otros dos reproches muy concretos. Ambos tienen que ver con las escenas de sexo.
Una de ellas, es que no me la creo y, además, me parece el topicazo de siempre. Sigo sin entender que una mujer, por carenciada que esté, llegue al orgasmo en un minuto y solo con penetración y, para más inri, al mismo tiempo que su partenaire. Que sí, que ya sé que el Niño Jesús hace milagritos pero no sé si el Niño Jesús está en estos detalles…
Posible es, por supuesto, para el ser humano nada es imposible pero estoy hasta la peineta de que el cine nos muestre siempre lo mismo. O sea, esta fantasmagoría tan patriarcal y tan publicitada por tierra, mar y aire, ese sermón continuo: la sexualidad es coito y punto. Las mujeres tenemos el clítoris en la vagina. Y basta con una penetración tipo conejo para que subamos al séptimo cielo…
La otra escena, no me desagrada tanto por la "mecánica" en sí (aunque la "mecánica" es cutre), sino por la actuación de la madre con el hijo. Entiendo que quiera mostrarle al hijo ejemplos de relaciones entre hombre y mujer y quiera introducir en su vida una figura masculina. Lo entiendo, pero, por muy caótica y simple que se tenga la mente, no creo que a nadie se le escape que la forma en la que lo hace no es precisamente la más interesante y atractiva. Más bien al revés.
Con todo, confieso que me impresionó el film, principalmente por dos cuestiones: Me conmueve la pelea de esa mujer contra la adversidad y por sobrevivir ella y sus hijos y me perturba y altera la relación con su hijo mayor, el niño protagonista. Y me interesa sobremanera la resistencia de ese niño.
En 2004 publiqué un artículo sobre las madres de cine. Está también colgado en mi blog:
En él lamento, entre otras cosas, que haya tan pocas pelis sobre las madres, figuras tan esenciales, sin embargo. En general, solo las directoras mujeres se atreven con ellas. Y prácticamente solo las mujeres filman mujeres-madres complejas. Incluyendo entre ellas madres que sin ser un pozo de maldad, no quieren a sus hijos.
Este es el caso en Pelo malo. Impresiona muchísimo verlo porque es un trauma duro de la vida. No digo una madre que maltrate físicamente, o no cuide materialmente sino que no te quiera. Y, sin embargo ocurre y necesitamos relatos que den cuenta de ello. De hecho yo mantengo firmemente que, para avanzar, para salir del caos necesitamos relatos que den cuenta de todo lo que vivimos. También de este desamor, no sé si muy frecuente pero, en cualquier caso, real y duro de vivir.
La película tiene, además, otros puntos y aspectos interesantes aunque aquí no me pare a considerarlos (el miedo a la homosexualidad, el racismo, ese "plus", ese peaje que han de pagar las mujeres con su propio cuerpo, etc.). 
Pienso que es de esos films que obligatoriamente deberían ver los adolescentes de nuestros países. Les serviría para conflontarse a otras vidas, otras realidades, para pensar sobre ellas, analizar qué tienen en común con las nuestras y qué de diferente... 
Lo digo muy a menudo pero es que lo pienso profundamente: el cine puede ser altamente educativo. Mucho.

Por concluir: que, si podéis, la veáis. Pagando, por favor, que es una peli hecha por una mujer, con cuatro duros y en Venezuela. Si queréis, colaos, bajaos o copiad ilegalmente Gravity, Cazadores de sombras, Job… pero no Pelo malo.

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