domingo, 16 de diciembre de 2018

Roma, de Alfonso Cuarón, 2018


Vi Roma, de Alfonso Cuarón. ¡Jó, qué gozada! Disfruté intensamente ante tal despliegue de excelente cine y de buen hacer cinematográfico puesto al servicio, además, de algo que importa.


Un guion buenísimo.
Para empezar, agradezco que sea sintético y elíptico, que no se pierda explicando lo que ya sabemos o lo que ya hemos entendido. Fijaos, por ejemplo, con qué economía narra la historia de Cleo con su “novio”: en cuatro escenas. 
Me encantan los films que si muestran algo es porque lo consideran significativo y, cuando deja de serlo, zas, dan el corte, y a otra cosa, mariposa. Y, por el contrario, me irritan los films que nos muestran planos vacíos, que no aportan nada o que machacan lo que ya sabemos, donde los personajes se dedican a decir obviedades que una espectadora (persona) medianamente inteligente ya entendió. 

Me parece, además, un guion realista pero sin impostación, que no cultiva el pathos, que evita caer en la tentación de “dar penita”; esa tentación en la que el realismo, a veces, cae (dar penita con la realidad está tirado pues la realidad sabemos cuán salvaje es o puede ser).

Este film no recurre a manipulaciones emocionales. Esas que tan fácilmente se consiguen con el lenguaje audiovisual. Así, por ejemplo, no hay prácticamente planos subjetivos. Y usar ese tipo de planos es un truco casi infalible para crear proyección emocional de l@s espectadores con el personaje que mira. Aquí lo evita. Vemos la historia desde fuera. El film nos deja en nuestro lugar de espectadores. Nos respeta. Nos muestra y nos invita a juzgar por nosotr@s mismas lo que vemos.
Creo que a las nuevas hornadas de espectadores, educadas en el cine de Hollywood, este procedimiento les puede desconcertar. Puede que quieran sentir desde dentro, que echen de menos el chorreo emocional. Y si no lo hay, el film le parece frío y creen que es que no se implica en lo que está contando, que no le importa.[1]   
Yo no creo eso. Creo justamente que, por lo mismo, porque el film no es melodramático, cuando en algún momento trabaja los sentimientos, nos sacude poderosamente. No sé si me explico. Es el equilibrio y la mesura lo que hace tan intenso su mensaje.
Pero, sí, a años luz de otro film que acabo de ver, Viudas de Steve Macqueen, a años luz de la manera hollywoodiense.

Esta película, Roma, tiene una puesta en escena muy coherente con su opción narrativa, Todos los elementos del lenguaje audiovisual están al servicio de ella. Ya dije antes que, por ejemplo, no hay casi planos subjetivos. 
Sí los hay, por ejemplo cuando Cleo y el novio están es la habitación del hotel. Pero, con todo, nunca son primeros planos contemplativos, no nos mete por los ojos (valga el símil) ni a Cleo mirando, ni a su novio. Siempre mantiene una distancia espectatorial considerable.

Es igualmente muy parca en planos cortos y en primeros planos. Algo inusual en el cine que se hace actualmente. Y más aún sabiendo que está producida por Netflix y que, por lo tanto, se emitirá en tv. (considero una suerte enorme haberla podido ver en pantalla grande).

Como decía, el film está rodado en planos generales y de conjunto. Luego, aunque menos, planos medios y en último lugar, primeros planos (pocos, como dije antes, y nunca primerísimos). Tan escasos que, en algún momento me hubiera gustado ver un primer plano de la cara de algunos personajes (deduzco que yo también tengo ya un gusto pervertido por la sobredosis de primerísimos planos que nos regala el cine actual).

Pero al filmar ante todo en planos generales y de conjunto, el film hace dos cosas: a) mostrar a los personajes insertos en su entorno (no es un film de corte introspectivo sino social) y b) como ya dije, dejarnos nuestro lugar, nuestro espacio como espectador@s, sin meternos dentro. No nos mete dentro como si estuviésemos ahí nosotr@s también, no recurre a una suplantación facilona de nuestra mirada por nuestra emoción, ni a una manipulación que nos lleve a la identificación, no juega con la manipulación emocional: ellas son ellas y nosotr@s, espectador@s vemos, pero no somos ellas.
Creo que ese procedimiento, tan poco usual en el cine mayoritario de hoy, desconcierta a mucha gente y los induce a pensar que si no estamos allí de hoz y coz, si no vemos primerísimos planos de la cara sufriente de Cleo, ni vemos, en contraplano, sonrisas de maldad en la de sus dueñas, es porque el director “no se implica” con lo que está narrando.

Pues a mí me parece una excelente puesta en escena, vuelvo a repetir. Prefiero que me muestren sin manipulación añadida. Prefiero juzgar yo misma a que me den las emociones chorreantes ya hechas.
Además, como dije, la opción del director es hacer una película coral, o, mejor dicho, social. Centrada, cierto, en el personaje de Cleo, pero mostrándola siempre inserta en una vida, una casa, una relación con otras personas, con el trabajo que realiza, con las clases sociales, con un país, un momento histórico, etc.

Cleo habla poco. En general es un film donde todos hablan poco. A años luz del cine francés, ese de personajes muy de paliqueo, muy centrados en psicología (e incluso psicoanálisis), en neurosis grandes y pequeñas, debates intelectuales, citas literarias, ingenios verbales, dolencias de una sociedad individualizada y burguesa… Y no digo que ese tipo de cine (el francés) no pueda producir magníficas películas. El cine es multiforme y cada estilo puede generar obras interesantes y de calidad. No sé, pienso en Sils Maria de Assayas, por ejemplo, que me gustó y me pareció buen cine, pero que, en efecto, nada tiene que ver con este universo, el de Roma.


Y en este film hay escenas que directamente me entusiasmaron, como, por ejemplo, la llegada “del señor”. Una serie de planos de detalle, esta vez sí, planos de detalle: manos, cigarrillo, volante, palanca de cambios, retrovisor... Y planos del coche y el portón. Pero no vemos al conductor. Lo esperamos tan expectantes como lo esperan los personajes. Y luego, cuando sale, después de hacerse tanto esperar y desear, se acabó, es un señor sin ninguna característica especial y ¡al que el film no dedica ni un solo plano! Genial. Genial porque queda claro que no es él, no es su persona, es su función, ES LA POSICIÓN ESTRUCTURAL QUE OCUPA. NO están expectantes porque ese sujeto, en sí, sea un personaje extraordinario. Al revés. Personalmente no tiene nada especial que lo haga deseable, interesante, poderoso, fuerte... No. Es la estructura patriarcal la que, simplemente porque es el "hombre", le cuelga de oficio todo eso.

Y esta escena destila, además, una ironía tan fina y tan potente... Esperas que, mientras el señor aparca, todos canten el “Aleluya” y el "Hossana" (como sí canta la música esa música sinfónica que "el señor" escucha dentro del coche). Pero si las personas que lo esperan cantaran serían excesivo. Así está perfecto.

En definitiva, este es un tipo de cine inusual y más aún en los tiempos que corren, tan efectistas, tan de colorín, tan estrepitosos, o tan frívolos, tan vulgares.

Y luego, me entusiasmó la historia que cuenta: intensa, ligando en todo momento lo personal con lo social. Centrada, además en las mujeres. Y qué manera tan inteligente y sutil de reflejar tanto las clases como las alianzas interclasistas. Concretamente las alianzas entre mujeres: de estatus sociales muy diferentes y muy jerarquizados pero, al tiempo, unidas por vivencias que reconocen comunes. Criadas y señoras saben que, tanto unas como otras, están en un orden patriarcal (ellas no lo formulan así ni lo explicitan, claro, no son feministas). Saben que sea cual sea tu estatus, “son mujeres”.
Y esas vivencias compartidas crean lazos de afecto y solidaridad, lazos que no anulan, por supuesto la jerarquía de clases. O sea, no borran el poder de unas sobre otras, pero están ahí, son efectivos, necesarios e importantes.
Los hombres salen mal parados… (y diría que la vida también es así, con excepciones).

Ah y qué manera de tenerte casi jadeante durante dos horas. En tensión pero no en histeria (en ocasiones muy puntuales, sobre todo en la última parte, al borde de ella, pero sin caer).
Y ya digo, un humor estupendo puntúa y salpica aquí y allá todo el relato. 
Por ejemplo (spoiler pero sin importancia): cuando la madre les está dando una noticia muy intensa y grave, llega la camarera a preguntar si puede retirar el servicio… Pero es que la vida es así. 

 Este film ganó el León de Oro en Venecia y yo aplaudo esa decisión. Y espero que siga ganando todo lo ganable, pues le da sopas con onda a las que he visto desde hace meses, verbi gratia a ese bluff de Cold war, que salvo la primera media hora, es una patraña, aunque tenga un blanco y negro muy estético -mientras que el blanco y negro de este film es tan solo un blanco y negro de peli de los 70, sin más.

Ah y ya sé que solo unas pocas personas la podréis ver en salas de cine. Lo siento, de verdad, porque lo merece.

PS. Entré más en la polémica del "contenido" en otro artículo publicado en el Huffingtopost porque me sorprendió que tuviera tantas críticas "ideológicas" negativas. Aquí está si lo queréis leer:
https://www.huffingtonpost.es/pilar-aguilar/ningun-film-puede-decir-todo-roma-tampoco_a_23629558/



[1] Ojo, no estoy negando que quien tenga vivencias muy encarnadas en historia parecidas, no se sienta emocionalmente afectada. E incluso frustrada de no ver sus vivencias reflejadas. Ni niego que pueda haber situaciones mucho más dolorosas e injustas de las que este film refleja.

4 comentarios:

  1. Excelente película, varios hombres/machos no van a entender el contexto. Las mujeres o al menos yo, entendí perfectamente el mensaje. Saludos

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  2. Sobrevalorada, no hay una vision de clase. La esclava buena es recordada por el niño riquillo....

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  3. Comparto al 100% tu punto de vista. He mantenido discusiones incluso con amigas con las que coincido en criterio cinematográfico y de vida, pero que en el caso de Roma eran tan negativas... y no podía entenderlo, por lo que encantada de poder sentirme tan de acuerdo con tu opinión, Pilar!

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  4. Una maravilla esta película. La vi en la cineteca de México este enero. Muy acertada, como siempre, tu crítica. Grandes abrazos.

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