jueves, 14 de junio de 2018

Desobediencia (Sebastián Lelio, 2018)

Nota: spoilers variados. Quedáis avisad@s.

Desobediencia de Sebastián Lelio me ha parecido mediocre tirando a maleja. Dura 114 minutos (nada menos) de los que, después de todo, los únicos que me han interesado son los que muestran detalles “etnográficos” relativos al funcionamiento de la comunidad judía ortodoxa. Digo que esos detalles me han entretenido (aunque tampoco me eran del todo desconocidos), no que me gusten porque, en efecto, las religiones, cuanto más ortodoxas, menos me gustan.



No he leído la novela. La peli me pareció mal contada. No consigue para nada trasmitir la atracción erótico-amorosa que se supone sienten esas dos mujeres, ni sus dudas, ni las tortuosas idas y vueltas psicológicas que viven, ni las fisuras o vericuetos de sus deseos. 
Rachel Weisz tiene cara de póker de principio a fin. Rachel McAdams muestra algo más de expresividad, pero vamos, una expresividad tipo film de sobremesa. Y Alessandro Nivola, detrás de esa barba florida de rabino, no hay manera de saber qué cara tiene.
Y como me aburría, me he dedicado a observar detalles absurdos. Algunos sin mayor importancia. Este, por ejemplo: ¿Quién, para un viaje de una semana, lleva un par de maletones?
Otro: se supone que las dos mujeres protagonistas se enrollaron de jovencitas, pero una tiene casi nueve años más que la otra… O sea, amigas de infancia no pudieron ser, ni de adolescencia tampoco. Si una tenía 15, la otra 24, si una 18, la otra 27. Y con 27 años, en una comunidad ultra ortodoxa, tendría que estar ya archicasada y con cuatro hijos.
Y otros detalles absurdos de mayor importancia: cuando una persona sufre un shok doloroso, puede, en efecto, reaccionar de muchas maneras incoherentes o inhabituales. Puede, por ejemplo, intentar aturdirse, ya sea bebiendo, snifando o follando con quien primero se encuentre, pero ¿hacer esto último de pie en un wáter y sin desvestirse? ¿Para qué? ¿para castigarse? Y sí, cierto, también puedes querer castigarte porque sabes que ya todo es irremediable y la muerte  cierra radicalmente cualquier puerta a la rectificación. Pero, puestas a castigarte, elegir el castigo de que te follen contra una pared de azulejos blancos me parece un tanto absurdo y falso. Quizá en el libro quede más explicado. Aquí, al verlo, dices: ¿y esta escena a qué viene y qué me quiere contar? ¿Me está diciendo que hay otra tonta más dejándose follar en estas condiciones?
Y, a ver: ¿es creíble que Ronit, que se supone liberada, no haya vuelto a enrollarse con ninguna otra mujer después de su primer amor? Por diosa, hasta el moño estoy de estos personajes (este o los de Call me your name) que viven una atracción insuperable y arrebatadora hacia alguien de su propio sexo, pero, luego, ya, siguen en la heteronormatividad…
Las escenas de enrolle entre ellas no me las creo. Se besan como se supone que hay que besarse en el cine. Mirad, si no me creéis, este fotograma ¿a que suena a beso falso y fabricado para una peli?:


 Ah, y claro entre beso y beso jadean sin parar ¿quién se besa jadeando sin descanso? Ah! Y por si acaso no nos damos cuenta de que aquello que vemos es grandioso: música sinfónica a toda pastilla… ¡Por favor! A ver, que la música -clásica o no- puede ser un magnífico acompañamiento para un enrolle erótico-amoroso, pero hay que elegirla bien. No es el caso. De hecho la única música que me gustó fueron un par de cánticos rituales judíos, esos sí, realmente bellos.
Más incongruencias de la escena de cama entre ellas: hemos de pensar que están locamente arrebatadas pero, oye, no se quitan el bodi (incluso creo que ni los pantis)… ¿por qué? Cierto que la censura en USA es tipo facebook: si se ven tetas, es porno. Si no se ven, no pasa nada, o sea, de espaldas sí pueden aparecer desnudas. … ¿Os acordáis de la serie L Word? Se las veía con enrolles y revolcones variados pero siempre con el sujetador. Pues eso.
Ah! (sí, otro ¡ah! más), como muestra sublime de pasión ¿sabéis qué? una le echa a la otra escupitajos en la boca. Y la otra abre la boca con entusiasmo. Yo creo que en eso se nota que el director es un hombre: tiene esa fantasía de “rociar” a las mujeres. Si no con semen, pues por lo menos con saliva, pero de algo hay que rociarlas…

El abrazo reconciliatorio de los tres, de risa. Y el discurso final del rabino, pues igual… Tanta tensión para eso... Y ¿qué quiere decirnos? ¿que las religiones, incluso las ortodoxas, también tienen su corazoncito? Yo no lo dudo...

Para rematar, no me enteré muy bien de en qué queda la historia (quizá soy torpe, no sé) pero, en cualquier caso, sí me quedó claro este mensaje: a la sublimación por la maternidad. 

En fin, que no. Que es una historia contada a trompicones, sin fluidez. 
Y por si alguien duda si ir a verla o no (y quiere mi consejo, que esa es otra): 
¿Dudáis sobre si es lícito que dos mujeres se sientan eróticamente atraídas? Pues ved esa peli porque su punto de vista es benevolente. Pero sí las relaciones lésbicas os parecen normales, podéis perdonaros este film. No os va a enseñar nada.
¿Dudáis sobre si el judaísmo ortodoxo es favorable a las mujeres? pues vedla porque os ilustrará. ¿Teneís claro que cuanta más religión -sea la que sea- peor para nosotras? Pues viéndola no vais a aprender nada.
¿Y una lesbiana que quiera verse en pantalla, debe verla? No sé, no sé. Creo que todo le va a sonar falso. Yo no me las creí ni un segundo, pero entiendo que para los grupos con poca legitimidad (aún) y poca visibilidad en el espacio público sea atractivo verse en pantalla grande incluso aunque la historia no arrebate desde ningún punto de vista.

Por otra parte, me doy cuenta de que ninguna peli de este director (de las que he visto, claro) me ha gustado. 
Ya sé que Gloria tiene sus fans. No me encuentro entre ellas. Una mujer fantástica también me pareció bastante rollo y bastante mal contada. Y si no fuera porque el tema trans le da un “toque de modernez irresistible”, no creo que esa película hubiera recibido ningún premio. O sea, si hubiera sido “señor enrollado con señora cis” (cis, jejé) esa peli no hubiera ido a ninguna parte porque, en sí, tampoco tiene mayor interés.
De lo que deduzco que Lelio, listo él, le ha cogido el punto: no se trata tanto de hacer buenas pelis como de pillar temas “originales”: señora mayor que quiere ligar, o mujer trans, o enrolle lésbico en comunidad judía ultraortodoxa. 
Y sí, le va bien.


P. S.
En mi muro ha habido un pequeño intercambio de opiniones con posterioridad a mi crítica y por eso añado los siguientes comentarios.

- En primer lugar, aclaro que ya sé que el cine despierta y remueve zonas variadas y obscuras en cada cual. Y que, por eso, las percepciones personales siempre (a poco que un film tenga alguna complejidad y porte una cierta carga emocional) están muy mediadas por lo que somos, lo que hemos vivido, nuestras expectativas, etc. O sea: que me parece normal que las opiniones sean variadas.

- También sé que es imposible -cuando de experiencias sexuales se trata- asegurar que tal o cual cosa es habitual o, por el contrario, extraña. Solo tenemos como referencia nuestras experiencias personales que -incluso en los casos de vida erótica movidita- son limitadas. Bueno, también tenemos algunos estudios (serios) y tenemos lo que nos cuentan nuestras amigas (cuando no repiten tópicos sino que de verdad, se cuentan). De modo que, aún partiendo de la base que cada persona es un mundo, me sigue costando creer que dos mujeres se limiten a tocarse el sexo y no se acaricien ni el pecho, ni la espalda, ni los muslos, ni las orejas, ni el cuello, ni la cintura, por ejemplo. Que su deseo esté tan limitado y centrado en los genitales. Que no conlleve hedonismo, ni abandono ni exploración. Que ni se desvistan y que, cuando acaben, se pongan una frente a la otra a hablar sin ni siquiera rozarse. De tipo: "Se acabó el folleteo, se acabó el deseo, se acabó de fusión o proximidad". O sea, que esta escena me suena a montaje de peli que repite lo que tantas veces vemos, solo que aquí con mujeres.
- Y lo de "intercambiar fluidos", digo lo mismo: claro que puede ser un placer, pero esa modalidad tan pedestre de "abre la boca que te escupa en ella", pues como que no.
- Y, sí también me pareció poco evocadora, poco sinuosa. Pendular. Cada vez que aparecen, no sabes si no se van ni a saludar o si, por el contrario, se van lanzar a besarse. Y sus besos me sonaban –casi siempre- a muy preparados y –mal guionizados-, del tipo: "Raquel, abre más los labios, sí, así, así, pero no te lances todavía, espera que se os vea bien a ambas con la boca entreabierta".
En conclusión ¿es imposible que esto que vemos ocurra? Pues no, claro, pero a mí me suena a mirada masculina estereotipada.



1 comentario:

  1. Mira que me había gustado la peli...
    Todo eso que cuentas se me deslizó por la mente, pero...Cuando salí, sentí que me gustó, aunque...quizá... fueron las ganas de ver un film con este tema.
    Gracias por reventármela, pero me has hecho pensar.

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