viernes, 24 de mayo de 2019

Dolor y gloria. Almodóvar 2019.


Pues vi “Dolor y gloria”. No dudo que sea verdad eso de que los ricos también lloran. O sea, sí, ese señor famoso, admirado y sin problemas económicos tiene mala salud (solo le falta para completar la colección, un cáncer) pero no consigo apiadarme de su sufrimiento. Es más, no consigo ni creerme que sufra.

Y me digo: quizá si ese hombre quitara colorín y objetos a su casa, le dolería menos la cabeza.

Y me doy cuenta de que cuando Almodóvar -en esta u otras pelis- evoca su niñez de pueblo, siempre me suena a falso. Digo: “Vaya: gente bien nutrida y cuidada jugando a pobres”. Porque, por ejemplo, nadie ni menos un pobre (y mucho menos en aquellos años) puede tener esa sonrisa profidén de dientes todos perfectos y de un blanco tan cegador si no es de Hollywood.
El único actor que consigue parecer pobre de pueblo de verdad, no impostado, es Raúl Arévalo.

Y no me creo la foto de sus padres delante de la ristra de chorizos. Conozco el protocolo solemne que conllevaba hacerse una foto. Nadie se iba a dejar hacer una así, en contrapicado, sin arreglarse, sin ponerse la ropa de los domingos y delante de los chorizos…
Ni me creo que ese albañil se lave poniendo esas poses tan "artísticas" ni quedándose en pelota picada en patio ajeno donde, además, puede ser visto desde arriba por todo el vecindario.
Es que si te lanzas a evocar costumbrismo, tienes que ser consecuente.
Y podéis alegar que nuestro cerebro embellece el recuerdo. Cierto, pero no de esa manera.
En cualquier caso, para mí, que soy de pueblo y viví esos años, tales incongruencias me deslucen el film porque torpedean la clave realista sin conseguir arrastrarme a la clave poética…

Y ese señor que se engancha, a su edad, a la heroína…
Y ese coro de señoras fieles que lo cuidan…
Y ese hijo que está dispuesto a dejarlo todo, irse al pueblo con su madre y dedicarse a ella las 24h… menos mal que la madre tiene el detalle de morirse al día siguiente… Eso es una buena madre y lo demás, cuentos.

Todo en este film (incluso la historia del “gran amor”) me parece pasado de punto, histriónico (aunque se presente en clave de drama).
Con todo, la escena del reencuentro es de las que más me gustan, quizá porque Leonardo Sbaraglia es muy bueno y consigue contagiar su emoción contenida a Antonio Banderas. Pero tampoco me creo el beso de tornillo y lengua a esas alturas de la partitura.
También me gustó bastante la actuación de Asier Etxeandia.
En fin…
Y, por supuesto, una producción muy cuidada, con grandes profesionales en todos los apartados.

Me lancé y me metí a ver “Vengadores. Endgame”. Aguanté una hora. No digo que no pueda gustar, ni digo que en su género no sea una peli bien hecha, pero a mí me aburrió. Ya me sé todos los tics del cine americano de “buenas intenciones”: padres amantísimos cuidando a sus hijas, madres y esposas estupendas, personajes que se resisten a aceptar su destino heroico hasta que, dos frases o dos minutos más tarde, lo aceptan…
Y los efectos especiales y demás juegos artificiales, que sin duda están bien hechos, no me enganchan lo suficiente.
Ah! Y me sigue pareciendo una historia muy de hombres blancos aunque introduzcan un par de negros, un par de seres extraños y un par de mujeres (ejem, ejem) para no dar mucho cante…
Pero, a ver,  entiendo que haya personas a las que les guste esta película.






4 comentarios:

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  2. Respecto a su artículo en Público sobre la libertad, totalmente de acuerdo en casi todo, salvo en que es un nuevo argumento. Ese ha sido siempre su argumento: la libertad... de la selva..., hasta que surja una fiera más poderosa que ellos (los liberales). Por eso hay que preguntar constantemente ¿hay libertad sin igualdad? O más claro aún: en situaciones de desigualdad nunca hay libertad. Por eso ellos no quieren la igualdad, sino el privi-legio (privada-ley). Si no hay igualdad toda nuestra libertad se la apropian ellos. Una plusvalía más, entre tantas otras.

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  3. Realmente, sobre el cine español, este no logra casi nunca dar en la tecla. Queríamos imitar a los italianos, y ahora a los ingleses, pero no. Lo que me extraña es que a nuestros actores no los doblen. Ganarían en calidad. Hay dos tipos de voces en nuestro cine, unas que suenan asténicas, y otras excesivamente cabreadas. Recuerdo una anécdota de Michael Caine: estaba rodando y paró. Dijo críticamenen: estoy actuando... Hay otra reflexión, esta de Victor Hugo que le viene muy bien a nuestro cine: De lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso. Ah, ¿y esa resistencia a reflejar la realidad social y política del país? Y no me estoy refiriendo a ese cine social a lo Vaquilla...

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  4. Jajajaja, los norteamericanos... con sus tópicos. Comienza la película y todos atareadísimos. ¡No pueden ni desayunar! A todos les espera el cumplimiento del destino manifiesto. Menos mal que ahora lo han condimentado con rusos malos y mafias rusas, iraníes, venezolanas, serbias y sirias. Eso les pasa por no tener ni destino.

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