Lo digo porque me maravilla la cantidad de gente que
defiende El último tango en Paris argumentando
que es iconoclasta, rompedora, progresista…
La película sería realmente innovadora si viésemos como un
maromo tumba a Marlon Brando, lo inmoviliza, le unta el culo de mantequilla y
le mete la polla. Así sí.
Y, oye que para considerarla sediciosa, atrevida, valiente,
audaz (¿revolucionaria?) no sería preciso, que el maromo en cuestión “se la
metiera de verdad”, bastaría con que la escena chorreara voyeurismo placentero.
Ni siquiera exigiríamos que a Brando le hubieran ocultado lo que iba a pasar a
fin de que su humillación y espanto fueran auténticos.
Maria Schneider tenía 19 años y era desconocida ¿cómo plantarle cara a Brando (50 años), esa una estrella mítica?




